El Maridaje de Postres: La Regla de Oro
"El vino SIEMPRE debe ser más dulce que el postre para alcanzar la armonía perfecta"
La Máxima de la Dulzura
En el mundo de los postres, el equilibrio es fundamental. Si el vino es menos dulce que el platillo, el paladar percibirá el vino como ácido, amargo o metálico. Por ello, buscamos vinos naturalmente dulces, fortificados o de cosecha tardía que logren igualar o superar la intensidad del azúcar en el postre.
Guía de Maridaje por Tipo de Postre
- Chocolate Oscuro y Cacao: Requieren la potencia de los Vinos Fortificados. Un Oporto (Porto) Ruby es ideal para chocolates frutales, mientras que un Pedro Ximénez (PX) es el compañero supremo para brownies y mousses amargos.
- Frutas y Tartas Ligeras: Buscamos equilibrio entre azúcar y acidez vibrante. Un Ice Wine (Vino de Hielo) o un Riesling Auslese realzan la frescura de tartas de manzana o postres cítricos.
- Postres Cremosos (Flan, Crème Brûlée): Necesitan vinos que imiten su untuosidad. El Sauternes francés, con sus notas de miel, o un Moscatel Dulce, se integran perfectamente con la vainilla y el caramelo.
- Sorbetes y Frutos Rojos: Nada supera al Moscato d'Asti. Su burbuja delicada y baja graduación acompañan la ligereza de los helados de fruta sin abrumar.
🍷 Consejo del Sommelier: Al servir vinos de postre, recuerda que "menos es más". Utiliza copas pequeñas y sírvelos frescos: entre 8°C y 10°C para blancos dulces y alrededor de 14°C para los Oportos.
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