La Concentración de Sabor: Maridaje con Quesos Curados
"Estructura, tanino y tiempo: El encuentro de los sabores más complejos del mundo"
El Desafío de la Intensidad
Los quesos semi-curados y curados, como el Manchego Viejo, el Cheddar añejo o el Parmesano, atraviesan un proceso donde la pérdida de humedad concentra la grasa y desarrolla notas complejas a nuez, madera y caramelo. Esta profundidad requiere vinos con cuerpo, estructura y taninos firmes capaces de sostener el diálogo con la riqueza del lácteo maduro.
Los Aliados de la Estructura
- Tempranillo (Crianza o Reserva): El compañero natural del Manchego. Sus notas de tabaco y cuero complementan el perfil rústico y los matices de frutos secos del queso español.
- Cabernet Sauvignon y Nebbiolo: Para gigantes como el Parmesano o Pecorino. Su carga tánica y acidez vibrante cortan la grasa concentrada y soportan su potencia salina.
- Malbec: Su fruta oscura y sedosidad ofrecen un contraste delicioso para las notas acarameladas de un Gouda añejo.
- Chardonnay (Crianza en Barrica): La excepción blanca. Su textura untuosa y aromas a avellana son el espejo perfecto para quesos como el Gruyère o el Comté.
El Maridaje de Sobremesa
Para los quesos más extremos y secos, con cristales de tirosina presentes, la solución clásica es el vino fortificado:
- Oporto Tawny: Su carácter oxidativo y notas de frutos secos se funden con la salinidad del queso duro, creando un final largo y sofisticado.
💡 Tip del Sommelier: A medida que el queso es más viejo, el vino puede ser más complejo. Un queso con 12 meses de curación agradecerá un vino con un tiempo similar de barrica.
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