Arroces y Paellas
La complejidad de la paella valenciana exige un vino que no opaque el azafrán ni el "socarrat". Los rosados de Garnacha ofrecen fruta y cuerpo ideales.
Rosados de Navarra o Blancos de Rueda (Verdejo).
"Desde las dehesas de Extremadura hasta los arrozales de Valencia. Una exploración de cómo el vino español y su cocina comparten el mismo ADN cultural y sensorial."
Tempranillo con crianza para carnes de caza, cordero lechal o rabo de toro.
Vinos blancos salinos de Galicia para resaltar la pureza de los mariscos del Cantábrico.
Cava para cortar la untuosidad de una tortilla de patata o fritura andaluza.
Desde un Jerez seco hasta culminar con un tinto de guarda de gran estructura.
La complejidad de la paella valenciana exige un vino que no opaque el azafrán ni el "socarrat". Los rosados de Garnacha ofrecen fruta y cuerpo ideales.
Rosados de Navarra o Blancos de Rueda (Verdejo).
El maridaje de "contraste" con vinos generosos secos permite que el paladar se limpie, renovando la percepción de las notas de fruto seco.
Fino o Manzanilla de Sanlúcar.
La cocina castellana exige tintos con alma. El ahumado sutil de un Rioja o Ribera del Duero funde la piel crujiente con la carne.
Tempranillo de Ribera del Duero o Rioja Reserva.
Buscamos vinos con acidez alta que corten la fritura andaluza y limpien el paladar, invitando a explorar el siguiente plato.
Albariño de Rías Baixas o un Cava Brut Nature.
No necesariamente. Pescados grasos como el atún o bacalao maridan excelentemente con tintos jóvenes de uva Mencía o un Pinot Noir ligero.
Requieren vinos que equilibren su salinidad, como un Pedro Ximénez dulce o vinos generosos de Jerez con cuerpo.
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