Desconectar para reconectar: El vino como ritual
Por G. G. Jolly • Reflexiones alrededor del Día Mundial de la Relajación y el arte de desacelerar
Un síntoma inequívoco del malestar de nuestros tiempos —cuando no de la patología de nuestra civilización— es que exista algo así como el Día Mundial de la Relajación. Se trata no de una fecha oficial de la ONU ni de la OMS, sino de una iniciativa promovida por expertos en salud mental, sectores de la industria médica y las redes sociales.
Cada 15 de agosto, esta fecha pretende crear conciencia sobre los efectos perniciosos en la salud tanto física como mental del estrés crónico y, también, sobre el imperativo de hacer espacios cotidianos y episódicos para tomarse un descanso, reponerse y recomponerse. Es decir, recordar una completa obviedad y advertir sobre algo absolutamente básico y esencial que, sin embargo, ignoramos y olvidamos.
En efecto, no sorprende que sean desquiciantes el ritmo frenético de la vida moderna —urbana, sobre todo—, la conectividad permanente, la sobreestimulación constante, el imperativo de la hiperproductividad y de la megaversatilidad, las agendas saturadas, los pendientes interminables y las notificaciones intermitentes, sin ninguna clase de ritmo estable —como no sea a paso acelerado— ni ciclos adaptados a un cerebro mamífero adaptado para cazar y recolectar.
Así, bajar la presión sanguínea, disminuir el cortisol (la hormona del estrés), reforzar el sistema inmune, mejorar los patrones de sueño y metabólicos e invertir en los vínculos interhumanos mediante algo tan elemental como la relajación son doble o triplemente necesarios en nuestros días. Tanto, que nos tuvimos que inventar un día para ello.
De ahí que, en esta búsqueda tan imprescindible como infrecuente de serenidad, de silencio y de descanso, descorchar una botella de vino pueda convertirse en un ejercicio consciente de autocuidado. No por nada existe la imagen del o de la profesionista que llega a su apartamento después del trabajo, ya tarde, y se apoltrona en un sillón con una copa de vino. Ya sea que se relaje con un baño, viendo una serie, leyendo un libro, cocinando un platillo gourmet o reuniéndose con los amigos o la pareja, tal parece que el vino ha de estar presente. Lo cual, de nuevo, nos dice mucho de la conexión entre el vino y la relajación.
El ritual de desacelerar
El vino requiere tiempo y serenidad. Plantar y cuidar la viña, cosechar y procesar la vid, producir y añejar el vino. Mas también servirlo y disfrutarlo. Por algo no se ve —ni se siente— bien servir un vino en una copa de plástico o maridarlo con comida rápida de un drive-through —aunque claro que se puede: un Sauvignon Blanc le viene estupendamente al pollo frito, por ejemplo—. No es tanto por el tipo de comida ni por el lugar, sino por el tiempo —o la falta de—.
El acto de disfrutar un vino exige tiempo. Y el tiempo es el mayor lujo de nuestro siglo. Desde el momento en que se corta la cápsula, se introduce el sacacorchos, se le da vueltas, se hace palanca y se escucha el leve chasquido al extraer el corcho, el cerebro recibe una señal clara: el ritmo ha cambiado. Hemos creado un momento especial.
Ahora, hay que tener paciencia y aguardar a que respire un poco, servirlo despacio, contemplar su color bajo un haz de luz y esperar a que los aromas se desplieguen en la copa… Todo ello obliga a habitar el presente. Es una experiencia sensorial completa que involucra la vista, el olfato, el tacto y el gusto, que crea un espacio propio, un momento único, que no sólo puede atemperar la sobreestimulación digital, sino congelar el tiempo imprimiéndose como un recuerdo perdurable en la memoria.
Vinos para la calma
Para un momento dedicado exclusivamente al descanso y la relajación, lo ideal es evitar vinos excesivamente alcohólicos o maderosos que puedan resultar pesados para el paladar. Aquí, más bien, se buscan armonía y sutileza:
1. Blancos Aromáticos
Notas florales y de fruta blanca que invitan a una inhalación pausada y reflexiva.
- Vino Blanco Kirchenstück Riesling VDP.GG 2020 (Alemania): Elegancia mineral y aromas expresivos.
- Vino Blanco Viognier en Amont 2023 Domaine de Boisseyt (Francia): Untuosidad con sutileza floral del Ródano.
2. Tintos Sedosos
Variedades de textura amable y perfil frutal que ofrecen un paso por boca cálido y envolvente, ideales para acompañar una lectura al final de la tarde.
- Vino Tinto Pulenta Estate Merlot 2020 (Argentina): Suavidad mendocina en su máxima expresión.
- Vino Tinto Brega Garnacha 2020 (España): Potencia frutal aragonesa con tanino aterciopelado.
3. El Encanto del Rosado
Un rosé pálido, bien frío, evoca inmediatamente la pausa veraniega, la buena compañía y la ligereza de espíritu.
- Vino Rosé Firmamento 2023 (Portugal): Frescura e intensidad ligera.
- Vino Rosado Mélodie du Château Rose (Israel): Equilibrio, delicadeza y notas sutiles de fruta roja.
Un espacio propio de desconexión
Para transformar la copa de vino en un verdadero ritual de relajación, el entorno importa. Es necesario apagar la televisión, dejar el móvil en otra habitación y encender una luz tenue —preferentemente, una vela, o bien, con suerte, una chimenea—. Hay que predisponer los sentidos de la misma manera en que el atrio de una iglesia sirve de puente al silencio que requiere acercarse al altar o de igual forma a como la respiración pausada del yoga es condición para la concentración de la mente y de la fuerza corporal.
Se puede, simplemente, disfrutar del silencio o llenarlo ya sea con nuestra música favorita —idealmente, que no sea demasiado intensa ni ruidosa— o con una conversación íntima y sincera. Y, desde luego, podemos añadir un sencillo acompañamiento: un trozo de queso curado, unas nueces o unas aceitunas— y regalarnos treinta minutos de presencia absoluta —ya sea en compañía o en soledad—.
El asunto no es acallar el ruido interno ni ahogar las penas con alcohol —el vino es malo para ello—, sino dejarlos aflorar y, ya sin que la algarabía externa y el vertiginoso ritmo del día a día los reprima ni obstruya, liberarlos. Porque brindar por la relajación es, en última instancia, un ritual en pro de nuestra propia salud mental.
"En La Cava Shop comprendemos la necesidad de relajación, ahora más que nunca. Es por ello que no sólo tenemos un extenso catálogo de vinos para que disfrutes, sino que nos esmeramos en cuidar la experiencia de compra y no añadir, así, más ruido ni estrés en tu vida."
Pide tu vino, recíbelo en casa, tómatelo y relájate.
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